Cautiva de la Soledad

jueves, 11 de junio de 2009



Esquivo el cariño efímero
como hormiga a la lluvia,
me aparto de la senda
de lo mundano,
de lo cotidiano,
profeso antimonotonía
a lo basto
e ingiero ritos
con sangre,
adulo lo inentendible
por que solo mi inexactitud
lo ensimisma
lo transforma
y lo digiere
a la cabeza mocha
de lucidez en mis hombros,
proclamo justicias vanas
sin razón ni odio,
mas odiada se desparrama mi
ignorante juventud entusiasmada
por el vaivén de la rosa,
de la admiración.

Me torno imbécil regularmente,
soberanamente comunista otras más,
y en ocasiones
me despabila el zumbido de la realidad,
y retorno a la pregunta voraz,
contestando con afabilidad
que la distracción es mi torpeza
más añeja,
más vieja,
más normal.

Como si todo me diera vueltas
en la holística misticidad de mi entorno,
todo se mezcla
se entreteje
y se esfuma tal como interviene,
me duelen las mil sienes,
los cien pies y
las tres mil noches y una más,
todo esto por pensar,
por divagar,
por redondear,
y culminar
en la nítida faz,
en la perversidad,
en la moralidad,
en un mar.

Vivo atrapada en mi infernal conspiración,
en mi grueso y prospero pelo
en esta cabeza hija de la pura
y basta
y dura
soledad.

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