Serpiente

martes, 23 de abril de 2013

-Yo en mi vida he hecho mil cosas más que todos ustedes en sus miserables años. Sus vidas de zombies y engranes me dan asco.

(Un momento de silencio)
-¡Execrables!

En una ocasión a los 12 años atravesé un campo a la medianoche, con una luna llena gigante, aquellas sombras eran impresionantes mas los sonidos de las fieras a mi alrededor, pero camine tranquila de casa de mi abuela a casa de tía María, sin lámparas ni candil, descalza sobre aquella tierra húmeda y tibia, extasiada por el paisaje sombrío y aquel viento.

-¡Ve corriendo!.-Gritaba mi abuela

Yo mantuve mi andar pausado, atravesé el árbol de mango amate, me agache para pasar la cerca de alambre de púas, mi vestido se rasgó, camine al lado de los árboles de jobo y nance, respirando pausadamente ese aroma de milpa y ajonjolí, camine hacia mitad del sendero... y la vi, de frente, enorme, gigante, hermosa, ¡oh qué serpiente! venia hacia mi lentamente, sentía su mirada hipnotizadora y elegante.

Aquel encuentro soez de la hermosura, brillaban los astros al total, consumíanse los adentros de mi endeble cordura en aquella imagen de ignominia perfecta y pura. La luna se mecía en aquel lienzo estrellado, el viento recorría cada confín de nuestros cuerpos, la mirada fija de aquel animal sobre mi era un éxtasis devorador y sublime; segura, sonriente y magnánima le regrese la mirada.

Permanecimos viéndonos me pareció un milenio, descubriendo nuestras historias en la liga tenue de nuestras miradas, descubriendo la nobleza y pereza, nuestra maldad oculta y fría, bajo aquella luna llena, sobre aquella tierra de pueblo viejo y al sazón del vaivén del campo, aquel canto de la siembra, los tejones, caballos, vacas, toros, loros, conejos y zorros, era una pieza fina de opera con filarmónica y mares de sopranos, aquello era para añejarse en la sangre de mi vida y las mil siguientes.

Absorta me dirigí a mi amiga serpiente, uno, dos, cinco pasos... y para entonces ella había ganado el maratón de la cordura, porque salió huyendo bajo las mazorcas, dejándome ahí parada hipnotizada y perpleja, alguien toco mi hombro a tiempo y me hizo voltear, era un transeúnte que al verme gimió de miedo y soltándome se echó a correr en dirección al río, las carcajadas salieron de mi boca, también las lágrimas por dejar de ver a mi amiga la serpiente, la mágica serpiente, enorme y tan yo. 

Seguí caminando el sendero rumbo a casa de tía María, pensaba totalmente exhorta en aquel encuentro magnánimo con ese ser dividido entre una parte de mi y una víbora, no podía explicar la partida y la incongruencia de mis miedos, temía mil veces más al sonido agudo de las lagartijas en el tejado que a un prado a media noche y a una enorme serpiente de ojos profundos.

-¿Acaso estaré dormida o yerta sobre la lucidez de mi cordura?

Realice un par de ejercicios para verificar aquella situación, salte en un solo pie, sentí todo el entorno que me conmemoraba, las hojas, los frutos, me lleve un poco de tierra a la boca y en efecto sabía a tierra húmeda por la proximidad al río, quise fielmente creer.

La cordura  es tema que nunca tendré cerrado, porque para definirla por completo y dejarla en paz primero necesita su antónimo inexorable en la constancia de su significado... la locura, no importa mucho mi opinión de la locura o la cordura, solo se me vino la alusión por el tema anterior, los sucesos de la mitad del camino que había recorrido, sería acaso la locura o la cordura disfrazada de locura, o la locura de la locura o la locura de la cordura, que rayos estaba pasando en mi cerebro de cañones viejos, atrofiados y a destiempo, todo con tan solo 12 años.

A dónde iría mi infancia a parar.

-!Execrables¡ 

Ahora la definición de aquel suceso me redunda el alma, cuando todo lo que es real se vuelve y abalanza sobre tus percepciones, ahora son ineptas y mediocres, ahora todo aquello lo puedo resumir en la letra de una canción...

 “Porque la vida pasó sin darnos cuenta y lejos de borrarse se incorpora y cuando menos lo imaginas aflora, el tiempo ese aquel vil implacable una huella siempre nos dejó”.

Al llegar a mi destino, aquella noche misteriosa me persiguió, todos hablaban de eventos dispersos en mi cabeza, casi no sentí la comunión de mi familia, no supe como regrese a casa de la abuela. Los siguientes días pasaron como pasa el viento arrastrando las hojas, casi olvido aquella noche hasta hoy, hoy que les cuento lo que es el misticismo de la infancia en el campo y su increíble realismo mágico, tal cual Márquez y Allende lo relatan.

¿Quién era esa serpiente? ¿Qué representa en lo quiero compartirles?

Todo, ella lo es todo y absolutamente nada, mi relato es sobre la capacidad de asombro que perdemos con el tiempo, la magia que dejamos pasar y mi mayor tesoro.

Simple fábula a la que son ajenos y por lo tanto no han sabido vivir. 

-!Execrables¡  

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